Súbete al bus, darle la vuelta a la sostenibilidad urbana

April 29, 2014

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Published in General News

En una vuelta por Medellín, organizada por la Maestría de Gerencia y Práctica del Desarrollo y la Maestría en Gerencia Ambiental de la Universidad de los Andes.

En una vuelta por Medellín, organizada por la Maestría de Gerencia y Práctica del Desarrollo de la Universidad de los Andes (MDP), los protagonistas del cambio de esta ciudad condujeron al público de pasajeros por algunos retos y avances urbanos. Conclusiones de un conversatorio ambulante

Una mañana y un bus. Como telón de fondo: el Foro Urbano Mundial en Medellín, la ciudad que en cuestión de diez años le dio la vuelta a la sostenibilidad, o al menos comenzó a hacerlo después de que una sociedad civil empoderada y una sucesión de administraciones frenaran la tendencia hacia un abismo social y ambiental.

Fue esa Medellín, primero soñada, luego intervenida y transformada, la que un grupo de personas salió a recorrer en bus para mirarla de frente con sus logros y también con sus excesos y carencias.

Las voces cantantes de este recorrido fueron el ex alcalde de la ciudad, Alonso Salazar y el director de la Fundación Ciudad Humana, Ricardo Montezuma, también estuvieron presentes otros protagonistas de esta metamorfosis urbana como Felipe Uribe (arquitecto), Juan Fernando Arbeláez (arquitecto), Jorge Vásquez (especialista en gestión ambiental), Paula Trujillo (ex directora de la Agencia de Cooperación Internacional) y Ricardo Smith (ex secretario de movilidad);todos condujeron al público de pasajeros por su propia experiencia que es, al mismo tiempo, la experiencia de Medellín.

La idea de este evento, organizado por la maestría de Gerencia y Práctica del Desarrollo (MDP) y la Maestría en Gerencia Ambiental (MGA) de la Universidad de los Andes, en asocio con Portafolio Verde y la Fundación Ciudad Humana, era leer a Medellín como una fuente primaria, en vivo, andar y desandar el territorio. En palabras de Luisa Fernanda Lema, directora del programa MDP, “el recorrido consistía en entender a una ciudad que se afianza como modelo de transformación e innovación más allá de las etiquetas, conociendo las apuestas que hay que hacer para cambiar rutas de desarrollo hacia modelos sostenibles”. Para ella, una de las apuestas claves en el avance constante de la ciudad, fue que “se abrieron espacios de toma de decisiones administrativas a personas con formación técnica en lo ambiental y urbano, saliéndose de los modelos de gobierno politizados”.

La ciudad, quedó claro durante la vuelta, está en el cruce entre lo realizado y lo proyectado, entre lo que existe y lo que se planea o si se siguen trasponiendo los términos, entre la memoria y el deseo.

Y en este urbanismo reciente, la memoria ha jugado un papel importante; varios de los proyectos han obedecido a la comprensión de la ciudad como una entidad con pasado, en contravía de aquel urbanismo modernista, que estuvo en boga en la década de los 60, y que orientado por el principio de la separación de funciones, desplazó a dos kilómetros del centro todas las oficinas públicas y rompió las raíces históricas.

En esta línea está la rehabilitación de Carabobo, un pasaje peatonal que atraviesa el centro y que está presente en las crónicas de Tomás Carrasquilla, la restauración de algunos edificios patrimoniales o el trazado del tranvía que se proyecta por el mismo eje que atravesó el tranvía original de 1923 a 1952.

Pero también ha habido una serie de proyectos que han buscado corregir el pasado y saldar una deuda de carencias históricas dotando de instituciones educativas, culturales y deportivas a barrios tradicionalmente olvidados.
Estos proyectos integrales, como se han llamado, han respetado en la mayoría de los casos los habitantes y los arraigos previos. Como insiste Salazar “hay que reordenar sin desplazar.”

Este modo de intervención integral ha sido un sello de marca del urbanismo de los últimos años en Medellín en contraste con el de otras ciudades. Salvo los proyectos de transporte público que sí buscan tejer y concretar, las intervenciones de este tipo han tenido como filosofía la profundidad más que la extensión y la visión integral más que la fragmentación sectorial. Este es el caso de Moravia, que apareció detrás de la ventana del bus, pero también de otros barrios que ahora cuentan con bibliotecas icónicas y con servicios que antes no tenían.

Pero hay otro conjunto de proyectos que se escapa a los anteriores: estos no buscan activar lugares de la memoria y tampoco modular y mejorar lo que por mucho tiempo estuvo sometido al olvido y al azar, se trata de “proyectos detonadores”, es decir, de nuevos escenarios que han irrumpido como brotes de vida en antiguos hoyos negros. Dentro de estos están: el Parque de los Pies Descalzos y el Parque de los Deseos, en los que participó el arquitecto, Felipe Uribe. “Muchas veces –dice-- hay que irse al otro extremo, pensar radicalmente distinto para producir nuevas realidades.” Vistos en perspectiva, ambos parques fueron pioneros de toda la transformación que llegó después. El primero instaló en medio del tráfico urbano un parque zen y el segundo, un cine al aire libre contiguo al Planetario y una explanada para ver las estrellas. Escenarios impensables en lugares que solo cargaban estigmas.

Pero además de ese cruce entre la memoria y el deseo, las ciudades también están en la intersección entre la naturaleza y la ingeniería o entre la geografía y la historia como decía el arquitecto Rogelio Salmona; y Medellín, en particular, tiene una geografía que la condiciona: por un lado un valle estrecho, una vegetación exuberante, un río que ha servido más como barrera que como conector y un entramado de afluentes; 150 kilómetros de arroyos se deslizan de las montañas al valle; pero por otro lado, una consciencia que apenas despunta sobre su biodiversidad.

Jorge Vásquez, especialista en gestión ambiental urbana, es crítico al respecto y advierte todo lo que aún falta por hacer para denominar a Medellín como una ciudad ambientalmente sostenible. Luisa Lema, al señalar las laderas, recuerda una tarea pospuesta e incumplida: poner un límite al crecimiento urbano y garantizar la conservación de los espacios naturales. Si bien varios gobiernos han discutido la problemática y han avanzado en intenciones de contención urbana, la última de ellas denominada “Cinturón Verde”, la ciudad sigue desbordándose y ninguna de las administraciones ha podido detener este crecimiento desmesurado.

Quedan aún muchos temas por resolver de esta ciudad que comenzó a darle la vuelta a la sostenibilidad pero que aún tiene grandes retos por debatir en escenarios, civiles, públicos y académicos.

Como sostiene Luis Fernando Arbeláez “una ciudad tiene que ser soñada para ser realizada”. Los habitantes de una ciudad viven el sueño de los que estuvieron ayer. Si seguimos avanzando, hay que decir también que los del futuro vivirán ese escenario que, de manera consciente o no, soñemos hoy.

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