Contabilidad empresarial y contabilidad tributaria: dos mundos divorciados

Marzo 30, 2016

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Categoría: Noticias profesores

El hecho de que en 2009 Colombia haya adoptado las Normas Internacionales de Información Financiera (NIFF), ha permitido profundizar un problema que ya existía: la incompatibilidad entre la información contable, -la que refleja su información de activos y pasivos así como los resultados de un  ejercicio  contable-  y la información tributaria -la que sirve de base para que las empresas cumplan sus obligaciones fiscales con el Estado-.

Por profesor Francisco Azuero Zúñiga

Esto contradice uno de los principios universales en la tributación del impuesto a la renta, que está recogido en nuestro Estatuto Tributario, en el artículo 26. Este consiste en que la renta gravable, aquella a partir de la cual se calculan los gravámenes, debe tener como referencia los ingresos ordinarios o extraordinarios obtenidos en el año gravable, que sean susceptibles de producir un incremento neto del patrimonio del contribuyente en el momento de su percepción. En consecuencia, de los ingresos recibidos se deben restar los costos  y deducciones vinculados con estos ingresos y asíse obtiene la base de tributación, que no debería ser distinta a las utilidades de las empresas, tal como se reflejan en su información contable.

Esta definición que está de acuerdo en lo fundamental con las NIFF, no se evidencia en el resto de nuestro Estatuto Tributario. Por eso, existe un divorcio absoluto entre la contabilidad empresarial y la tributaria, pues las empresas colombianas deben, por lo tanto, llevar una doble contabilidad (y no es por engañar al fisco): una de los ingresos y gastos que deben registrar para reflejar su situación financiera, y otrade los aceptados por la autoridad tributaria. Este proceso de “depuración fiscal”, como lo llaman los técnicos, introduce distorsiones importantes en el régimen tributario.

Como resultado de lo anterior, pese a que la tasa general de tributación de las compañías es, en principio, del 34% (25% de renta y 9 % del impuesto sobre la renta para la equidad, CREE, sin contar la sobretasa creada a este último impuesto por la ley 1739 de 2014), la tasa de tributación efectiva, es decir, la relación entre el impuesto pagado y las utilidades contables obtenidas, puede tener una variación enorme. Hay quienes calculan la tasa de tributación efectiva en un 53%, pero aparecen empresas pagando gravámenes del 5%, mientras que otras registran un 70%. Esta situación contradice uno de los principios básicos de un buen sistema tributario: el de la equidad horizontal, que señala que a ingreso igual debería corresponder una tributación igual.

Aparte de que existen tarifas diferenciales y descuentos tributarios, consecuencia de que muchos ingresos son susceptibles de incrementar el patrimonio,están exentos,y muchos gastos que disminuyen las utilidades no son reconocidos. Por ejemplo, entre los ingresos exentosfiguran el valor de los terneros nacidos y enajenados dentro del mismo año gravable;la prestación de servicios hoteleros que se construyan o se remodelen hasta el 2017; el aprovechamiento de nuevas plantaciones forestales; los ingresos obtenidos en aserríos establecidos para el mismo propósito; los ingresos por contratos de arrendamiento financiero con opción de compra, y los ingresos de las empresas editoriales. Entre los costos en que incurren las empresas y que no son aceptados tributariamente, pese a que de forma efectiva, disminuyen el patrimonio, figuran el impuesto a las ventas pagado; el 50% del valor pagado por el impuesto a las transacciones financieras (o cuatro por mil) y las pérdidas sufridas en enajenación de acciones.

A su vez, la ley permite que se traten como deducciones renglones que no disminuyen el patrimonio: las inversiones en plantaciones de reforestación y el 40% de la inversión en activos fijos reales, productivos para las empresas que hayan firmado contratos de estabilidad jurídica, que ampara esta deducción, derogada para el resto de compañíasen el 2010.

La transparencia y equidad del sistema tributario exige que no haya exenciones injustificadas a los ingresos, que todos los gastos y costos incurridos y reconocidos en las normas contables puedan ser deducidos, y que no se traten como deduccionesegresos que no cumplen con la definición contable.

Por otra parte, se debería aprovechar la próxima reforma para modernizar el lenguaje tributario. No se justifica que a estas alturas se continúe hablando de patrimonio bruto y neto. Por definición contable, el patrimonio siempre es neto de pasivos con terceros distintos a los accionistas.  Tampoco se justifica denominar “renta líquida” a la resultante de restar las deducciones a los ingresos. La liquidez, en términos financieros, tiene que ver con la facilidad para vender los activos.

Ojalá estos puntos sean examinados por la Comisión de Expertos para la modernización tributaria que designó el Gobierno Nacional.

Artículo publicado originalmente en separata de la revista Portafolio, Visión Gerencial, Las NIIF en Colombia, el lunes 24 de agosto de 2015.  Disponible en línea en:

http://issuu.com/publicacionesadministracion/docs/portafolio_visiongerencial_agosto

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