Por Mauricio Laguna Cardozo
Dirección de Comunicación Estratégica – Universidad de los Andes
Este logro la ubica dentro del selecto 1 % de instituciones con la denominada ‘Triple corona’ (AMBA, EQUIS y AACSB). Por ello, la decana, Ximena Rueda, reflexiona sobre los desafíos del sector, las nuevas exigencias del liderazgo empresarial, y las transformaciones en las escuelas de negocios, su presente y futuro.
¿Qué garantiza la acreditación para los estudiantes?
La acreditación demuestra que el aprendizaje de la administración depende tanto de la producción intelectual como de la práctica profesional. AACSB exige que un porcentaje significativo de los profesores esté activamente vinculado al mundo académico, “los profesores publican, están teniendo conversaciones importantes sobre cómo se entiende el management a nivel internacional; lo que escriben lo leen sus colegas en journals de alta calidad”, destaca Rueda.
Este compromiso con la producción intelectual evita caer en privilegiar la práctica, una tentación común en las escuelas de negocios. “Otras disciplinas que son de naturaleza similar, como la medicina, deben aprender en la práctica con personas muy experimentadas. Eso es importante: que médicos con mucha trayectoria enseñen a los estudiantes a partir de su experiencia, pero también es importante que los estudiantes aprendan a partir del conocimiento científico de frontera que se produce en su disciplina”.
De otra parte, la acreditación nos sirve para compararnos con grades escuelas del mundo. A cada visita de acreditación vienen profesores de todo el mundo y de instituciones aliadas. En el caos de esta visita, contamos con Ken Matsuno, exdecano de Babson College, una escuela famosa por su trayectoria en emprendimiento; Stefano Caselli, decano de la SDA Bocconi, la mejor escuela de negocios de Italia y una de las mejores del mundo, y Francisco Pérez, decano de ITAM, una escuela privada de alto nivel en México. Los tres combinan una mirada de excelencia y un conocimiento de la realidad latinoamericana, elementos críticos para entender y evaluar nuestro desempeño.
Facultad de Administración de la Universidad de los Andes
Un momento de reflexión para seguir mejorando
Aunque a primera vista una acreditación puede parecer un trámite administrativo, para Rueda representa una valiosa oportunidad de hacer una pausa, reflexionar y proyectar el futuro. En este ejercicio, la Facultad realiza una autoevaluación profunda sobre dimensiones clave como la estrategia, la investigación, el impacto social, las metodologías de enseñanza, el aseguramiento del aprendizaje, la gestión del portafolio académico, la educación ejecutiva, entre otras. En esta autoevaluación participan todos los miembros de la facultad: estudiantes, profesores, administrativos y egresados.
En su opinión, una ganancia adicional radica en que es un ejercicio exigente, liderado por pares que entienden la disciplina y su contexto. “Aquí vienen los decanos de las facultades que nosotros admiramos y a las que nos queremos parecer, de las que queremos aprender; y ellos entienden nuestra realidad”.
El sello es una manera directa de comunicar la calidad, pero detrás de este hay un proceso de reflexión y de mejora del que se benefician los estudiantes y el resto de la comunidad. Esto lo amplía la decana, quien tiene un Doctorado en Geografía e investiga la relación entre las empresas y la sostenibilidad.
Los retos del presente
Las instituciones enfrentan retos de todo tipo, pero sobresale el del cambio demográfico: “Nacen cada vez menos jóvenes y eso es un reto para la sociedad, no solo desde el punto de vista de que tengamos menos demanda para nuestra oferta académica, sino también porque genera dificultades para las empresas en el mercado laboral”, afirma Rueda.
A esta situación se suma un fenómeno de carácter cultural. Las aspiraciones de las nuevas generaciones que ya no conciben su vida centrada únicamente en lo laboral. “Ellos tienen expectativas de vida diversas, la vida es más amplia que solo el trabajo, incluye también el disfrute y la experimentación”.
Las escuelas de negocios también enfrentan desafíos internos, especialmente en innovación. Gran parte de esta ocurre en el sector privado y en menor grado en las universidades, lo que obliga a las facultades a trabajar más de la mano con las empresas que están a la vanguardia; nos lleva a establecer relaciones en las que todos ganan: las empresas reciben trabajadores mejor capacitados para las labores que necesitan y las facultades ofrecen educación más pertinente.
A pesar de los desafíos, la Decana ve una gran oportunidad en el creciente interés por la administración en múltiples disciplinas. “El conocimiento del management se ha vuelto más transdisciplinario, la gente quiere aprender cómo funcionan las organizaciones, cómo liderar equipos, cómo comunicar efectivamente, cómo tomar decisiones bajo la incertidumbre”. Esto no sólo ha acercado a estudiantes de disciplinas como diseño e ingeniería, sino que ha ampliado las fronteras del conocimiento administrativo más allá de las empresas, y ha generado un escenario fértil para que las facultades de administración ofrezcan herramientas útiles para sectores tan diversos como las ONG, las organizaciones estatales o los emprendimientos sociales.
¿Qué debe saber un administrador hoy?
El mundo empresarial ha cambiado y, con él, las exigencias para quienes lideran organizaciones. Para Rueda, los egresados deben repensar su rol y actualizarse en tres dimensiones fundamentales para seguir siendo pertinentes en el entorno actual.
Lo primero es entender que las compañías deben ser conscientes de su impacto, “Saber que su responsabilidad se extiende a lograr beneficios para toda la sociedad”. Por eso, temas como el propósito corporativo, la sostenibilidad y el rol de la empresa en su entorno “son centrales en la estrategia y en eso los gerentes deben actualizarse”, afirma.
El segundo campo ineludible es el manejo de información y análisis de datos. La tecnología ha multiplicado la cantidad de información disponible, tanto interna como externa, y es tarea del administrador convertir esos datos en información relevante para la toma de decisiones estratégicas.
El último punto es la importancia de lo que ahora se llaman habilidades esenciales —antes conocidas como blandas—, especialmente la capacidad de gestionar equipos diversos y multigeneracionales.
“En el momento en que el espectro se abre y uno empieza a incluir personas de distintos orígenes, trayectorias de vida, perspectivas y profesiones, aumenta la complejidad, pero también el entorno laboral se hace mucho más rico e interesante”
aclara.
Con la Acreditación en mano, la Facultad sigue pensando en el futuro. Su plan es ampliar su presencia en América Latina con alianzas y programas como la maestría internacional en management (CEMS), que permitirá estudiar en Los Andes y en universidades de renombre mundial como el London School of Economics (LSE) o HEC París.
Otra meta es transformar la experiencia en el aula, aprovechar los valiosos encuentros presenciales y para esto “invertirán una parte importante en el diseño de experiencias memorables de aprendizaje, que sean realmente transformadoras”.
La Facultad de Administración no solo celebra un reconocimiento internacional, también reafirma su compromiso con una formación pertinente, crítica y profundamente conectada con los desafíos del mundo contemporáneo.