El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia el pasado 10 de agosto no solo dejó daños en viviendas e infraestructura. También afectó de manera significativa la actividad de miles de negocios en los territorios impactados. De acuerdo con Confecámaras, las zonas más afectadas concentran cerca de 270.000 empresas y 1,4 millones de empleos formales, un tejido empresarial que también ha sufrido las consecuencias de la emergencia.
Para Hamilton López Caro, jefe del Centro de Emprendimiento de la Universidad de los Andes, estas cifras muestran la importancia de que la recuperación económica haga parte de la respuesta a la emergencia. Las pequeñas empresas no solo generan ingresos y empleo, sino que tienen un efecto directo sobre las familias y las comunidades.
“Las pymes son la mayoría de las empresas que hay en Colombia y emplean mucha gente directamente”,
explica López. Por eso, considera que la recuperación del tejido empresarial debe involucrar a las instituciones públicas, las empresas privadas, las organizaciones sociales, las cámaras de comercio y las universidades. Entretanto, el experto plantea algunas recomendaciones para los emprendedores que enfrentan hoy el reto de reconstruir sus negocios, y sus vidas.
- Atender primero el impacto emocional
Mientras se reconstruye el negocio, es necesario reconocer las consecuencias emocionales que deja una emergencia de esta magnitud. Detrás de los negocios que tuvieron que detener sus actividades hay personas que enfrentaron pérdidas, daños materiales y la interrupción abrupta de su vida cotidiana.
López señala que los emprendedores pueden experimentar estrés, fatiga emocional y síntomas asociados al impacto traumático del terremoto. En algunos casos, además, deben afrontar el duelo por la pérdida de familiares, bienes o espacios que tenían un significado especial.
“Es necesario pensar en un abordaje integral entre la salud mental y el bienestar porque de nada sirve montar otra vez el negocio si todavía vivo con miedo”,
señala. Esta tarea, considera, no corresponde únicamente al emprendedor: el ecosistema de apoyo debe contribuir a generar ese respaldo.
- Buscar apoyos para recuperar la liquidez
La interrupción de las actividades y la caída de las ventas han golpeado directamente la caja de los pequeños negocios. Para López, recuperar la liquidez es uno de los principales retos. Una emergencia de esta naturaleza puede hacer que un negocio pierda de manera abrupta inventarios, equipos y otros recursos, dejando poco margen para volver a empezar.
Por eso, considera fundamentales los fondos de emergencia, el capital semilla y las líneas de crédito con condiciones flexibles y periodos de gracia más amplios. También plantea la necesidad de que en estos momentos se reduzca la burocracia para que los recursos lleguen con mayor rapidez. “Comenzar sin nada es mucho más complejo”, advierte.
- Revisar el modelo de negocio antes de reconstruirlo
La reconstrucción no necesariamente significa volver a hacer exactamente lo mismo que se hacía antes del terremoto. Las condiciones del mercado pueden haber cambiado: algunos clientes pudieron desplazarse, determinadas rutas comerciales pueden haber quedado afectadas y algunos puntos donde antes funcionaba un negocio pueden haber dejado de ser viables.
Por eso, López plantea que este puede ser un momento para revisar el rumbo del emprendimiento y preguntarse qué capacidades tiene actualmente, cuáles necesita fortalecer y hacia dónde quiere llevar el negocio.
“No podemos volver a cometer los errores que de tiempos pasados”,
señala el experto. Esto puede implicar buscar nuevos mercados, incorporar tecnología, fortalecer la conectividad o modificar la propuesta de valor para responder a las nuevas necesidades de los consumidores.
- Crear redes y compartir recursos con otros emprendedores
Otro de los retos es evitar que cada negocio enfrente la recuperación de manera aislada. López considera que la emergencia puede impulsar nuevas formas de colaboración entre emprendedores, desde compartir espacios hasta proveedores y costos.
Una alternativa es el coworking. Un emprendedor que conserve una bodega o un espacio de trabajo podría compartirlo con otros negocios que hayan perdido sus instalaciones, reduciendo así los costos de operación.
Pero la colaboración, según el experto, puede ir más allá de compartir un lugar. También puede incluir proveedores, costos e incluso determinadas fuentes de ingreso. La meta es reconstruir conexiones que permitan fortalecer el tejido empresarial “como comunidad, como barrio, como clúster, como ciudad y como región”.
- Separar la vivienda del espacio de trabajo
En Colombia, especialmente entre los emprendedores de subsistencia y en situación de vulnerabilidad, la vivienda también suele funcionar como taller, almacén o lugar de producción. Cuando el hogar resulta afectado por una emergencia, el negocio puede perder simultáneamente su espacio de operación.
López considera que los emprendimientos en proceso de reconstrucción deberían contemplar, cuando sea posible, una separación entre la vivienda y el lugar de trabajo. Además de facilitar la formalización y el crecimiento de algunos negocios, esta separación puede tener efectos sobre el bienestar. Tener un espacio diferente para trabajar permite establecer una distancia entre la actividad laboral y la vida familiar.
El experto reconoce que esto puede ser especialmente difícil para las personas en situación de vulnerabilidad, pero considera importante que la reconstrucción permita avanzar hacia espacios de trabajo adecuados para los emprendimientos que buscan crecer.
¿Dónde pueden buscar apoyo los emprendedores?
Desde el Centro de Emprendimiento de la Universidad de los Andes existen programas gratuitos de formación, mentoría y acompañamiento. Según López, algunos de estos programas se desarrollarán de manera virtual para facilitar la participación de emprendedores ubicados en las regiones afectadas.
El experto considera que el mayor impacto puede lograrse cuando las ayudas se articulan. En ese esquema, empresas privadas, organizaciones sociales, entidades públicas y universidades pueden aportar desde sus capacidades para evitar esfuerzos aislados y construir rutas de acompañamiento.