El terremoto del 10 de agosto en Colombia activó esa cadena de suministro humanitaria y, de acuerdo con los expertos, mostró que el país tiene capacidad para reaccionar rápidamente. Pero también puso en evidencia varios desafíos que pueden determinar qué tan efectiva es esa respuesta una vez superadas las primeras horas.
Uno de los principales retos está precisamente en la coordinación.
“Creo que hay un buen aprendizaje que nos ha dejado entrever que la cadena funciona, pero la coordinación es un tema que aún nos cuesta. Creo que tenemos que hacer mayores esfuerzos en mejorar esos niveles de coordinación y trabajo conjunto entre los diferentes actores de la cadena”,
señala Javier Cárdenas Romero, Country Representative Colombia de Hulo, cooperativa de logística humanitaria.
Para el experto, Colombia ha acumulado aprendizajes a partir de emergencias recientes y cuenta con actores capaces de movilizar ayuda rápidamente. En las primeras horas, explica, las grandes organizaciones humanitarias, como Unicef y la Unión Europea, pueden activar recursos que ya tienen preparados y enviarlos hacia las zonas afectadas. El problema aparece cuando esa respuesta debe articularse entre múltiples organizaciones, entidades y actores que llegan simultáneamente a la emergencia.

La solidaridad fue clave, pero su distribución exige mayor organización para evitar duplicidades y garantizar que llegue a quienes más la necesitan.
La solidaridad fue primordial
El terremoto también mostró la enorme capacidad de solidaridad de la sociedad colombiana. Juan Sebastián Salamanca, egresado de la Maestría en Gestión de la Cadena de Suministro de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y especialista en innovación tecnológica, Process Improvement Officer Global Hub de Plan International, asegura que no esperaba una respuesta tan fuerte por parte de los voluntarios.
De acuerdo con Salamanca, más de 2.000 toneladas fueron donadas desde Bogotá hacia diferentes partes del país. Esa movilización demuestra una importante capacidad de respuesta, pero plantea un desafío logístico: conseguir que la solidaridad llegue efectivamente a quienes la necesitan.
“Si no se articula, si no se consolida, puede llegar de manera desestructurada”,
advierte el experto.
La ayuda que llega sin coordinación puede terminar siendo difícil de distribuir, llegar a comunidades que no son las prioritarias o incluso generar problemas adicionales en los territorios. Por eso, Salamanca plantea que las personas y organizaciones que quieran contribuir deberían integrarse a los mecanismos que ya están respondiendo a la emergencia. Si una organización ya identificó una comunidad y sus necesidades, explica, poner los recursos a disposición de esa estructura puede permitir que la ayuda tenga un impacto mayor.
El reto también involucra a las propias organizaciones humanitarias. Cárdenas cuestiona la competencia por protagonismo entre actores del sector y llama a superar los intereses particulares.
“Precisamente ahí es un momento de conectarse y de aceptar la ayuda de todos, y de buscar la mejor respuesta para las comunidades”,
afirma.
La dificultad está en conseguir que organizaciones con distintas especialidades trabajen como un sistema. Una puede concentrarse en niñez, otra en agua y saneamiento y otra en salud. El desafío consiste en que todas puedan llegar de manera articulada a una misma comunidad, en lugar de operar de manera independiente.
El problema no termina cuando la ayuda llega
Otro de los grandes desafíos está en el territorio. Una cadena de suministro puede funcionar adecuadamente desde el punto de origen y, aun así, encontrar dificultades cuando llega a la zona de emergencia. Salamanca plantea que es necesario fortalecer la capacidad instalada en los lugares afectados. No basta con planificar y organizar la distribución desde las ciudades donde se concentra la ayuda: también hay que preguntarse quién podrá recibirla, almacenarla y distribuirla localmente.
Este punto adquiere mayor relevancia cuando las necesidades cambian de acuerdo con las características de cada territorio. La profesora Julia Rosa Romero, directora de la Maestría en Gestión de la Cadena de Suministro de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, explica que la logística humanitaria debe adaptarse a las comunidades y no asumir que una misma solución sirve para todos.
La diferencia entre las necesidades de una ciudad y las de comunidades con otras condiciones culturales y geográficas obliga a diseñar respuestas específicas. Esto también lleva el desafío hasta la llamada última milla: el tramo que existe entre un centro de almacenamiento o acopio y el lugar donde se encuentra la persona que necesita la ayuda.

496 municipios fueron afectados, con más de 33.000 viviendas destruidas y 187.000 averiadas.
Pasar de la emergencia a la reconstrucción
Quizás uno de los mayores retos para la cadena de suministro humanitaria ahora será sostener la respuesta cuando desaparece la atención mediática. La cadena no termina cuando llegan los primeros alimentos, medicamentos o elementos de emergencia. Después comienza una etapa más larga en la que se deberán recuperar capacidades, reconstruir viviendas y desarrollar proyectos que permitan a las comunidades avanzar hacia una situación más estable.
Los mecanismos de coordinación —los llamados clústeres— ya trabajan en la identificación de necesidades y en la búsqueda de financiación para esa etapa, explica Cárdenas. En ese punto, la logística vuelve a transformarse. Ya no se trata únicamente de entregar ayuda inmediata, sino de organizar recursos para procesos de reconstrucción y desarrollo.
Salamanca menciona que después del terremoto son 496 municipios los afectados, con más de 33.000 viviendas destruidas y más de 187.000 averiadas. La magnitud del desafío obliga a evitar esfuerzos aislados, por lo que la respuesta ahora deberá pasar por construir una estructura suficientemente flexible para que empresas, organizaciones, ciudadanos y entidades puedan aportar sin duplicar esfuerzos.
Y en continuar fortaleciendo la cadena para estar preparados para responder a futuros eventos. “El verdadero reto es diseñar la cadena de suministro humanitaria de manera anticipada e integral y alinear a todos los actores involucrados en el antes, durante y después: definir qué se va a requerir, conocer a fondo los territorios, mapear y fortalecer a los proveedores locales de bienes y servicios, desarrollarlos, apoyarlos en su formalización muchas veces y una vez se presenta el evento poder entregar con calidad, menor costo (planear puede representar gastar hasta siete veces menos) y oportunidad, señala la profesora Romero.
Planificación que, de acuerdo con la docente, también debe incluir asegurar lo que esa misma ayuda deja atrás (latas, cajas, plásticos, empaques).
“Esto se puede convertir en un problema o en un no aprovechamiento de extensión de la vida útil del residuo. Un vistazo a la otra cara de la ayuda humanitaria, donde lo social, lo ambiental y lo económico tienen que sostenerse juntos”,
concluye la experta.